A lo largo del año las necesidades de nuestra piel van cambiando, así que debemos adaptar nuestra rutina para que luzca lo más bonita posible.

La primavera nos trae cambios tanto en la temperatura como en la humedad, pero el verano suele ser una estación más estable, caracterizada sobre todo por las altas temperaturas, la exposición solar y también el contacto con otro tipo de aguas a las que no estamos acostumbrados a lo largo del año.

Partiremos de estos 3 puntos para modificar nuestra rutina:

Altas temperaturas: esto va a causar que sudemos más, por lo que deberemos optar por texturas más fluidas. Cambiaremos cremas por loción o loción por gel o gel crema por ejemplo. De esta forma el contenido graso de la hidratante disminuirá con lo que notaremos menos cargada nuestra piel. Muchas marcas cuentan con productos más ligeros con activos más adecuados para aplicar en verano.

Exposición solar: la acción solar tiene varias consecuencias que debemos considerar, una muy conocida como es el foto envejecimiento y otra la hiperqueratinización.

En verano es más importante aún escoger un protector solar de amplio espectro, que no sólo nos evite la quemadura solar, sino que tenga antioxidantes que mejoren la protección, y además proteja de la radiación UVA, que es la que produce arrugas y manchas. Las personas con pieles claritas además deberían potenciar el efecto con un suplemento vía oral con antioxidantes específico para el sol y empezar a tomarlo antes de la temporada de verano. En cuanto a la hiperqueratinización, es un proceso por el cual la piel se engrosa produciendo más acné a las personas que tienen tendencia al mismo y sólo por una mayor exposición al sol. Si no puedes evitar en cierta medida la exposición solar, introduce algún producto en tu rutina con ácido salicílico como por ejemplo un tónico.